No sólo nuestra mente y nuestro cuerpo sufren los efectos del estrés. La piel, nuestro órgano más grande y delicado, también se ve afectada por las exigencias y problemas de la vida urbana cotidiana. Y así como se aconseja “hacer un stop” y relajarse un poco, tomarse unos momentos para descansar, hacer actividad física o alguna actividad de nuestro agrado e intentar organizar reuniones o salidas que nos hagan sentir bien, también hay algunas estrategias y tips para seguir y cuidar la piel para evitar que su estrés aumente.

La piel puede caracterizarse en diferentes tipos: piel seca (de aspecto opaco y rugoso con tendencia a descamarse), piel sensible ( se irrita fácilmente y propensa a reacciones alérgicas por cosméticos, perfumes o detergentes), piel normal (tiene una textura suave, no tiene espinillas ni poros abiertos), piel mixta ( existe una zona seca y otra más bien grasa) y piel grasa (que se caracteriza por generar una sobreproducción de sebo y aceites lo que resulta en espinillas, poros abiertos, puntos negros y barros). Y cada tipo merece sus cuidados especiales. Sin embargo, algunos consejos se aplican a todos los casos.

– Cuidala del sol: la radiación ultravioleta (RUV) es la principal causa de estrés oxidativo a nivel cutáneo, por eso todos los días usá protectores solares con un FPS mayor a 30 en zonas expuestas.

– Dormí bien. Si no lográs descansar bien, tendrás ojeras, la piel aparecerá cansada y sin vida. Lo ideal dormir por lo menos 8 horas diarias.

– Abandoná el cigarrillo. La textura, manchas y arrugas finas se revierten favorablemente al dejar de fumar.

– Humectá la piel por fuera: utilizá cremas humectantes todos los días para restaurar el manto lipídico y disminuir la pérdida de agua asegurando el correcto funcionamiento de los sistemas enzimáticos antioxidantes. También podés aplicar lociones o emulsiones que proporcionen sustancias antioxidantes y detoxificantes con vitaminas A, C y E entre otras.

– Humectá la piel por dentro: Ingerí 2 a 3 litros de agua por día . Son fundamentales para una adecuada hidratación. Nuestro cuerpo está constituido por el 70% de agua.

– Limpiá la piel todos los días: una buena limpieza facial al finalizar el día es necesaria para eliminar la contaminación que se depositó durante el día. Además, se favorece al correcto drenaje de las glándulas sudoríparas y sebáceas. Podés usar jabones humectantes con PH neutro para la piel.A su vez, se recomienda realizar exfoliaciones superficiales periódicas con el fin de estimular la renovación celular.

– Hacé foco en la alimentación: una dieta desintoxicante puede ser útil y consiste en consumir frutas y verduras con alto contenido vitamínico y desalentar la ingesta de grasas trans y las dietas hipercalóricos.

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